Deporte

Carlos Alcaraz vence a Ruud

27 septiembre
982
4mill.

Siempre adelantado a su tiempo, Carlos Alcaraz ratificó en Nueva York, en el partido más importante de su vida, que es una magnífica noticia para el tenis. Ya es campeón del Abierto de Estados Unidos, el torneo que le lanzó el pasado año al estrellato, y el número 1 más joven de siempre. Es pronto para hablar del inicio de una nueva era, pero reúne todas las condiciones para liderarla y acelerar incluso la salida de jugadores como Rafael Nadal y Novak Djokovic. Venció a Casper Ruud por 6-4, 2-6, 7-6 (1) y 6-3, en tres horas y 20 minutos.

La Arthur Ashe no sólo le ha dado el mayor triunfo de su carrera sino que también le ha curtido en el rigor de los torneos del Grand Slam. Ganador este año en Miami, Madrid, Barcelona y Río, y la pasada temporada en Umag, da el salto cualitativo haciendo frente a todos los contratiempos, con el match point salvado ante Jannik Sinner en cuartos como el momento más dramático. Después de tres noches agitadas, con situaciones límite y los cinco sets de por medio, la final amaneció más tranquila, pero ni mucho menos iba a resultar cómoda. En el inicio fue Carlos Alcaraz quien buscó con acierto los puntos y el gobierno del juego, sin dejarse atrapar por el tenis más táctico de su oponente, que carece de armas como las que él posee.

Algo pasivo, el noruego, que desaprovechó tres ocasiones para romper el servicio en el primer set, se encontraba con demasiada frecuencia aprisionado en la zona de revés. Alcaraz obtenía réditos de su saque abierto sobre el lado de la ventaja y aprovechaba para irse a la red. Era y se sentía dominador.

EL PEOR MOMENTO

Tal grado de convicción le traicionó en un segundo set donde pudo situarse 3-2 y saque. No lo hizo, se enredó, apresurado, falto de lucidez, y entró en un desconcierto como no se le había visto durante toda esta competición, con gritos de autorreproche. Ruud, con mejor porcentaje de primeros y mayor agresividad, detectó la crisis e igualó el marcador. Tampoco ha de sorprendernos. Era la primera vez en la historia que dos tenistas se jugaban el número 1 del mundo en una final del Grand Slam. Para el español, 19 años, cuatro menos que su adversario, era también su primera final en un major. No así para Ruud, que la pasada primavera perdió la de Roland Garros contra Nadal.

Alcaraz nunca traiciona sus principios. Pueden discutírsele, con todos los atenuantes propios de la inexperiencia, algunos vacíos dentro de determinados partidos, o decisiones desacertadas, pero no suele pecar de conservadurismo, y menos aún en los momentos críticos.

LA SUPERVIVENCIA DEL TERCER SET

Parte de la suerte de la final pasó por los dos puntos de set de los que dispuso Casper Ruud en el undécimo juego del tercer parcial. En ambos casos los neutralizó en la red. El de Oslo, que había invertido el sesgo del encuentro, se vino abajo en el desempate, el primero de los últimos cinco que sacó adelante Alcaraz, superado en los dos que disputó frente a Sinner y contra Tiafoe.

Hay que irse hasta el año 2003 para encontrar al último español que ganó un título del Grand Slam en el cuadro masculino al margen de Rafael Nadal. Fue Juan Carlos Ferrero, el entrenador de Alcaraz, en Roland Garros. Siguieron muchos éxitos individuales y colectivos, pero nadie más allá del poseedor de 22 majors había sido capaz de dar el golpe. A medida que la gran generación de nuestro tenis envejecía, y aun con Nadal en plena vigencia, como demuestran sus victorias en el Abierto de Australia y en Roland Garros esta temporada, existía la lógica preocupación por el relevo.

Alcaraz avisaba, dando los pasos convenientes y asomándose al circuito sin pudor alguno, derribando registros de precocidad, con el juego y la actitud de los elegidos, pero era difícil vislumbrar un éxito semejante tan deprisa.

Hace poco menos de un año disputó las NextGen ATP Finals, el torneo que reúne a los ocho mejores tenistas jóvenes de la temporada. Aunque lo hiciera ya habiendo ganado el ATP 250 de Umag y con un paso deslumbrante por su primer Abierto de Estados Unidos, no dejaba de ser un chaval pendiente de refrendar las promesas sugeridas.

Esta madrugada, ante el hombre que ya le sigue en el ránking, supo sobreponerse a otro trance inquietante y, cuando se quebraba víctima de la ansiedad, dar un giro de guion. El cuarto parcial nos devolvió al mejor Alcaraz, que rompió en el sexto juego y se fue derecho a por la copa. Nadie la merecía más que él.




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Carlos Alcaraz vence a Ruud

27 septiembre
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Siempre adelantado a su tiempo, Carlos Alcaraz ratificó en Nueva York, en el partido más importante de su vida, que es una magnífica noticia para el tenis. Ya es campeón del Abierto de Estados Unidos, el torneo que le lanzó el pasado año al estrellato, y el número 1 más joven de siempre. Es pronto para hablar del inicio de una nueva era, pero reúne todas las condiciones para liderarla y acelerar incluso la salida de jugadores como Rafael Nadal y Novak Djokovic. Venció a Casper Ruud por 6-4, 2-6, 7-6 (1) y 6-3, en tres horas y 20 minutos.

La Arthur Ashe no sólo le ha dado el mayor triunfo de su carrera sino que también le ha curtido en el rigor de los torneos del Grand Slam. Ganador este año en Miami, Madrid, Barcelona y Río, y la pasada temporada en Umag, da el salto cualitativo haciendo frente a todos los contratiempos, con el match point salvado ante Jannik Sinner en cuartos como el momento más dramático. Después de tres noches agitadas, con situaciones límite y los cinco sets de por medio, la final amaneció más tranquila, pero ni mucho menos iba a resultar cómoda. En el inicio fue Carlos Alcaraz quien buscó con acierto los puntos y el gobierno del juego, sin dejarse atrapar por el tenis más táctico de su oponente, que carece de armas como las que él posee.

Algo pasivo, el noruego, que desaprovechó tres ocasiones para romper el servicio en el primer set, se encontraba con demasiada frecuencia aprisionado en la zona de revés. Alcaraz obtenía réditos de su saque abierto sobre el lado de la ventaja y aprovechaba para irse a la red. Era y se sentía dominador.

EL PEOR MOMENTO

Tal grado de convicción le traicionó en un segundo set donde pudo situarse 3-2 y saque. No lo hizo, se enredó, apresurado, falto de lucidez, y entró en un desconcierto como no se le había visto durante toda esta competición, con gritos de autorreproche. Ruud, con mejor porcentaje de primeros y mayor agresividad, detectó la crisis e igualó el marcador. Tampoco ha de sorprendernos. Era la primera vez en la historia que dos tenistas se jugaban el número 1 del mundo en una final del Grand Slam. Para el español, 19 años, cuatro menos que su adversario, era también su primera final en un major. No así para Ruud, que la pasada primavera perdió la de Roland Garros contra Nadal.

Alcaraz nunca traiciona sus principios. Pueden discutírsele, con todos los atenuantes propios de la inexperiencia, algunos vacíos dentro de determinados partidos, o decisiones desacertadas, pero no suele pecar de conservadurismo, y menos aún en los momentos críticos.

LA SUPERVIVENCIA DEL TERCER SET

Parte de la suerte de la final pasó por los dos puntos de set de los que dispuso Casper Ruud en el undécimo juego del tercer parcial. En ambos casos los neutralizó en la red. El de Oslo, que había invertido el sesgo del encuentro, se vino abajo en el desempate, el primero de los últimos cinco que sacó adelante Alcaraz, superado en los dos que disputó frente a Sinner y contra Tiafoe.

Hay que irse hasta el año 2003 para encontrar al último español que ganó un título del Grand Slam en el cuadro masculino al margen de Rafael Nadal. Fue Juan Carlos Ferrero, el entrenador de Alcaraz, en Roland Garros. Siguieron muchos éxitos individuales y colectivos, pero nadie más allá del poseedor de 22 majors había sido capaz de dar el golpe. A medida que la gran generación de nuestro tenis envejecía, y aun con Nadal en plena vigencia, como demuestran sus victorias en el Abierto de Australia y en Roland Garros esta temporada, existía la lógica preocupación por el relevo.

Alcaraz avisaba, dando los pasos convenientes y asomándose al circuito sin pudor alguno, derribando registros de precocidad, con el juego y la actitud de los elegidos, pero era difícil vislumbrar un éxito semejante tan deprisa.

Hace poco menos de un año disputó las NextGen ATP Finals, el torneo que reúne a los ocho mejores tenistas jóvenes de la temporada. Aunque lo hiciera ya habiendo ganado el ATP 250 de Umag y con un paso deslumbrante por su primer Abierto de Estados Unidos, no dejaba de ser un chaval pendiente de refrendar las promesas sugeridas.

Esta madrugada, ante el hombre que ya le sigue en el ránking, supo sobreponerse a otro trance inquietante y, cuando se quebraba víctima de la ansiedad, dar un giro de guion. El cuarto parcial nos devolvió al mejor Alcaraz, que rompió en el sexto juego y se fue derecho a por la copa. Nadie la merecía más que él.

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